[060]

Agobiado. Molesto. Bueno no, agobiado como una de esas ratas que corren y corren en una rueda sin fin o deambulan entremedio de un laberinto del que jamás encuentran la salida. Pues eso, agobiado como una rata salgo a la calle.

Salgo a la calle a encontrarme, salgo a cruzarme con alguien, a dejar de existir. Salgo a emborracharme para dejar de mentir, para olvidarme de volver a ser quién fui porque si te miro a los ojos tan solo me veo a mí.

[059]

Y duele más los sueños que se precipitan en el despertar de la imposibilidad y la esperanza se encierra en un cuarto oscuro de un sótano que nadie sabe dónde está y el deseo se cansa porque no recuerda cuándo fue la última vez que recorrió su cuello la sinceridad y la ilusión ahora va y ya no respira y de nuevo recojo pedazos de mí y ya no quiero nada, ¡ea!

Y si tú…

Y si yo…

la granada

Khalil Gibran

 

Una vez, mientras vivía yo en el corazón de una granada, oí que una semilla decía:

-Algún día me convertiré en un árbol, y cantará el viento en mis ramas, y el sol danzará en mis hojas, y seré fuerte y hermoso en todas las estaciones.

Luego, otra semilla habló, y dijo: -Cuando yo era joven, como tú ahora, yo también pensaba así; pero ahora que puedo ponderar mejor todas las cosas, veo que mis esperanzas eran vanas.

Y una tercera semilla se expresó así: -No veo en nosotras nada que prometa tan brillante futuro.

Y una cuarta semilla dijo: – ¡Pero que ridícula sería nuestra vida, sin la promesa de un futuro mejor!

La quinta semilla opinó: -¿Para qué disputar acerca de lo que seremos, si ni siquiera sabemos lo que somos?

Pero la sexta semilla replicó: -Seamos lo que seamos, lo seremos siempre.

Y la séptima semilla comentó: -Tengo una idea muy clara acerca de cómo serán las cosas en lo futuro, pero no la puedo expresar con palabras.Y luego habló una octava semilla, y una novena, y luego una décima, y luego muchas, hasta que todas hablaban a un tiempo y no pude distinguir nada de lo que decían todas esas voces.

Así pues, aquel mismo día me mudé al corazón de un membrillo, donde las semillas son escasas y casi mudas.”

[058]

En el hipotético supuesto de haber pasado un tiempo prudencial –pongamos dos mil setecientos setenta y siete días– pero aún así reconstruyo una y otra vez aquel puñado de horas con pelos y señales cada palabra escrita, el serio semblante de tu rostro que jamás conocí y las ganas intactas de hacerte mil preguntas con hambre; entonces, ¿se podría afirmar que es real el efecto que produjiste en mí y que, a pesar de haberlo deseado con todas mis fuerzas, a día de hoy no he alcanzado ni alcanzaré a olvidarte?

¡Cáspita! ¡Mardito seas donde quiera que estés!