[059]

Y duele más los sueños que se precipitan en el despertar de la imposibilidad y la esperanza se encierra en un cuarto oscuro de un sótano que nadie sabe dónde está y el deseo se cansa porque no recuerda cuándo fue la última vez que recorrió su cuello la sinceridad y la ilusión ahora va y ya no respira y de nuevo recojo pedazos de mí y ya no quiero nada, ¡ea!

Y si tú…

Y si yo…

la granada

Khalil Gibran

 

Una vez, mientras vivía yo en el corazón de una granada, oí que una semilla decía:

-Algún día me convertiré en un árbol, y cantará el viento en mis ramas, y el sol danzará en mis hojas, y seré fuerte y hermoso en todas las estaciones.

Luego, otra semilla habló, y dijo: -Cuando yo era joven, como tú ahora, yo también pensaba así; pero ahora que puedo ponderar mejor todas las cosas, veo que mis esperanzas eran vanas.

Y una tercera semilla se expresó así: -No veo en nosotras nada que prometa tan brillante futuro.

Y una cuarta semilla dijo: – ¡Pero que ridícula sería nuestra vida, sin la promesa de un futuro mejor!

La quinta semilla opinó: -¿Para qué disputar acerca de lo que seremos, si ni siquiera sabemos lo que somos?

Pero la sexta semilla replicó: -Seamos lo que seamos, lo seremos siempre.

Y la séptima semilla comentó: -Tengo una idea muy clara acerca de cómo serán las cosas en lo futuro, pero no la puedo expresar con palabras.Y luego habló una octava semilla, y una novena, y luego una décima, y luego muchas, hasta que todas hablaban a un tiempo y no pude distinguir nada de lo que decían todas esas voces.

Así pues, aquel mismo día me mudé al corazón de un membrillo, donde las semillas son escasas y casi mudas.”

[058]

En el hipotético supuesto de haber pasado un tiempo prudencial –pongamos dos mil setecientos setenta y siete días– pero aún así reconstruyo una y otra vez aquel puñado de horas con pelos y señales cada palabra escrita, el serio semblante de tu rostro que jamás conocí y las ganas intactas de hacerte mil preguntas con hambre; entonces, ¿se podría afirmar que es real el efecto que produjiste en mí y que, a pesar de haberlo deseado con todas mis fuerzas, a día de hoy no he alcanzado ni alcanzaré a olvidarte?

¡Cáspita! ¡Mardito seas donde quiera que estés!

 

la habitación

El espacio diáfano es regado con exuberancia por un sol de media mañana de un día que poco podría determinar el frío de este invierno. El olor de la esencia de trementina recorre cada rincón de la estancia adueñándose del ambiente y haciéndola cada vez más pequeña, si tal caso pudiera ser posible.

Impregno de nuevo el trapo roído por manchas desdibujadas de pintura y restriego tus manos para decolorarlas quedando el resto terco ennegrecido en las cutículas de tus dedos que tanto detesto.

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