keres

De venida al curro después de una monótona reunión con un cliente en el ensimismamiento por el que paseaba despistada, bruscamente, me he tropezado con la calle cortada mientras era desviada hacia otra ruta alternativa. Antes de aceptar el nuevo itinerario a tomar, con algo más de detenimiento me ha sorprendido converger con un tumulto de guardia civiles, policías locales, una enfermera y algún otro personal imposible de identificar desde donde me encontraba. Pero no lo suficientemente imposible para apreciarlos a todos ellos en la misma puerta de un colega.

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[056]

Tiempla corazón por si despierto entremedias de convencionalismos gobernando mi pobre entendimiento. Tiempla si ves la torpeza de mi juicio conceder interés a chismes de carácter entrometidos. Tiempla si alguna vez doy pábulo a mis rancios prejuicios.

Tiempla corazón si ya no insisto en conmoverte ante la ternura del afecto o ante la excitación del tacto. Tiempla si descubres secar mi tímida pasión, si no acuno mi consentida esperanza y dime cómo coño no voy a estar mucho mejor cuando arremetes con vehemencia y el hálito te me llevas.

Tiempla corazón, tiempla por ambos dos si, llegado el momento, desfallecen mis fuerzas.

el porqué del origen

ineludible pago de esta cuenta pendiente, de años de olvido y descuidos, de sueños incumplidos, de apalazamientos sin postergación, de obviar y acallar la necesidad primaria de ser

y heme aquí desempolvando ese ser, cansado y viejo que se revela y se revuelca, que reclama su presencia, que exige su supervivencia fuera de concesiones y cometidos, que brota para tomar una bocanada de aire hambiento por saborear su auténtica naturaleza y que despierta después de ti

»la maldita, Junio 2014

[055]

En el vergel que acicala el pequeño patio que custodio, con suma dedicación, he logrado confraternizar con un grupo de pajarillos que revoletean a su libre antojo y con los que mantengo inacabables parloteos de esto, de aquello y de lo de más allá.

Conquistada su confianza, ahora, los adiestro para que confeccionen el más alucinante vestido de fiesta que jamás imaginé para así presenciarme al baile de palacio. Jo, tengo hasta la última campanada de medianoche ¡yupi!

[054]

‘Y mi mano en tu mano…’ seguida de una rosa deshojándose finalizan todos y cada uno de los mensajes que le deja entrada la noche en su espacio; lucubrando así mi quijotesca figuración mil y un deseos de lo que abocetan, de lo que acallan esas letras no devueltas.

Inexplicable el caprichoso conexionar de la querencia cuyos preceptos han sido mezclados por un indómito loco.