[055]

En el vergel que acicala el pequeño patio que custodio, con suma dedicación, he logrado confraternizar con un grupo de pajarillos que revoletean a su libre antojo y con los que mantengo inacabables parloteos de esto, de aquello y de lo de más allá.

Conquistada su confianza, ahora, los adiestro para que confeccionen el más alucinante vestido de fiesta que jamás imaginé para así presenciarme al baile de palacio. Jo, tengo hasta la última campanada de medianoche ¡yupi!

[054]

‘Y mi mano en tu mano…’ seguida de una rosa deshojándose finalizan todos y cada uno de los mensajes que le deja entrada la noche en su espacio; lucubrando así mi quijotesca figuración mil y un deseos de lo que abocetan, de lo que acallan esas letras no devueltas.

Inexplicable el caprichoso conexionar de la querencia cuyos preceptos han sido mezclados por un indómito loco.

ágape

Hoy, al igual que este día de cada año desde que nací, es mi cumpleaños.

Más concretamente, mi cuadragésimo aniversario y me gesto en el devaneo de pasar a mejor vida. Literal. Es decir, con esta frase hecha no me valgo de una alegoría para aludir a cualquier otro aspecto que no sea, esto, que quiero decir. Me muero en la definición exacta de la palabra: morir, dejar de vivir.

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[053]

Hace algo más de una semana que mi vecindario ha tenido a bien renunciar a la fastidiosa práctica de aplausos, cacerolada, música inapropiada, rifas, fiestas varias y un largo etcétera de despropósitos dispares en los que jamás he cooperado.

Esta tarde, en un alarde de intrepidez sin igual en mí, he acondicionado el tocadiscos lo más próximo que me ha sido posible al ventanal abierto de par en par y una vez configurado el modo repetición con el volumen a todo carajo les he homenajeado con la gran balada ‘Caca culo pedo pis‘ de Los Punkitos, mientras humeaba un gustoso pitillo sentada en la barandilla.

Créame, ha sido algo poéticamente patético y sí, creo que paso demasiado tiempo sola.

la lámpara

El equilibrio informal prescinde de la simetría y se obtiene contrastando los pesos visuales de los elementos, buscando diferentes densidades, tanto formales como cromáticas, que nos permite armonizar visualmente dentro de una asimetría intencionada. Y en eso andaba enfrascada cuando me dispuse a agenciar la luminaria para la estancia del hogar destinada al yacimiento propio.

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en busca de la felicidad

—No, me niego, no voy a aceptarla. No dejaré que cometas este error, no puedes irte así sin más. No puedes hacerme esto.

He perdido la cuenta de las horas que llevo sentado frente a ti. Encerrados en esta habitación. Oyendo sin oír de fondo tu inacabable runrún cargante de palabras vacuas. Interpretando escrupulosamente cada uno nuestra correspondiente comedia de la que ya no formo parte.

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