[058]

En el hipotético supuesto de haber pasado un tiempo prudencial –pongamos dos mil setecientos setenta y siete días– pero aún así reconstruyo una y otra vez aquel puñado de horas con pelos y señales cada palabra escrita, el serio semblante de tu rostro que jamás conocí y las ganas intactas de hacerte mil preguntas con hambre; entonces, ¿se podría afirmar que es real el efecto que produjiste en mí y que, a pesar de haberlo deseado con todas mis fuerzas, a día de hoy no he alcanzado a olvidarte?

¡Cáspita! ¡Mardito seas donde quiera que estés!

 

la habitación

El espacio diáfano es regado con exuberancia por un sol de media mañana de un día que poco podría determinar el frío de este invierno. El olor de la esencia de trementina recorre cada rincón de la estancia adueñándose del ambiente y haciéndola cada vez más pequeña, si en tal caso pudiera ser posible.

Impregno de nuevo el trapo roído por manchas desdibujadas de pintura y restriego tus manos para decolorarlas quedando el resto terco ennegrecido en las cutículas de tus dedos que tanto detesto.

(+leer)

[057]

Creemos conocer el terreno en el que nos desenvolvemos, pero a veces un simple detalle cambia y con él toda nuestra existencia. Y eso nunca lo vemos venir e inesperadamente ya nada tiene sentido y todo se tronca de significación y, jamás, vuelves a ser el mismo.

La gente teme a las cosas equivocadas y es incapaz de idear otra verdad que no sea la propia. Tan solo siente su palpitar y deberíamos estar obligados a sentirnos afortunados y estar infinitamente agradecidos porque alguien nos regale su tiempo, su entrega o su cariño en cualquier medida.

Hace ya años que su opinión me importa un bledo porque entre vivir y resistir hay un matiz y eso es lo que quiero.

keres

De venida al curro después de una monótona reunión con un cliente en el ensimismamiento por el que paseaba despistada, bruscamente, me he tropezado con la calle cortada mientras era desviada por otra ruta alternativa. Antes de aceptar el nuevo itinerario a tomar, con algo más de detenimiento me ha sorprendido converger con un tumulto de guardia civiles, policías locales, una enfermera y algún otro personal imposible de identificar desde donde me encontraba. Pero no lo suficientemente imposible para apreciarlos a todos ellos en la misma puerta de un colega.

(+leer)

calle melancolía

Escogí aquel hotel de la ciudad, además de por su céntrica ubicación, por el estilo sencillo que dotaba de un carácter cálido a la estancia reservada. Aún así, solicité quitar toda decoración superflua que pudiera haber de por medio ya que al reencontrarme horas más tarde a solas conmigo misma no quería tropezar con ninguna complacencia entre aquellas cuatro paredes que no fuera otra que mi inherente melancolía.

(+leer)