instantáneas

Un portazo. Como un portazo en mitad de la siesta que te sobresalta legando un vacío denso y raro que no logras soltar durante horas o días sintiéndote, así, como muy ajeno a todo. Pues esa misma sensación me ha retraído el examinar esa fotografía y, pese a que pretendiera dedicar todo mi afán a ello, me es imposible argüir el porqué.

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la vigilia

Hay noches como esta en las que el amanecer me pilla despierto asomado a las ventanas de la alta madrugada empapado de pensamientos carentes e imprecisos y con náuseas me revuelco entre sábanas sucias de miedo y de desespero y a minúsculos ratos me adormezco engarzando absurdos disparates con mis más locos deseos para luego, una vez despierto, nunca recordar lo que sueño.

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el superpoder

Creyéndome ultraplanetariamente guay, como todo ser chispeante que se preste, en mi cuestionario existencial también amparo el complejo desvelo acerca de qué superpoder adoptar llegada la coyuntura de ser afortunadamente avivado con tremenda premisa y, tras meditarlo concienzudamente, me decanto sin espaciosidad a duda alguna por la estupenda facultad de la invisibilidad.

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simbiosis

A sabiendas de resultar harto excéntrica, desprovista de pudor alguno atestiguo que soy de ese tipo de individuos que no transige con alegría cualquier vecino impuesto a mi vera por obra y gracia del destino, el azar, la casualidad, la fortuna o quién puñetas sea el que tenga a bien decretar dichas cuestiones de significativa relevancia. Y tampoco es de extrañar ya que debitado de las precarias construcciones de hogaño desatendiendo a la más mínima privacidad asentaría que podríamos ser reputados como todo un completo compañero de vivienda sin consulta habida a ninguna de las partes, claro está.

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la llamada

Todos los días, sin discriminación alguna, a la hora puntual concertada me siento frente al aparato telefónico, descuelgo el auricular alojándolo próximo al oído, marco un número de carambola y cuando al fin obtengo réplica desde el otro lado del dispositivo, tras una escueta pausa, de forma clara y concisa pregunto: “¿retorna las fiambreras que no son de su pertenencia a su legítimo propietario?”

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el café pendiente

Por vez primera, he resistido la imprecisa espera para verte aparecer por la deslucida puerta del local donde habitualmente dejo liquidada la cuota del café pendiente asignado por mi exigencia exclusivamente para ti sin mayor pretexto que el de suavizar mi desvergüenza de no despegar la mirada del asfalto al pasar por tu acostumbrada disposición entre inhóspitos cartones y desperdigadas monedas.

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