[050]

A veces inspiro muy muy pero que muy profundo para luego justo después expeler el aire aspirado y sello firmemente los labios obstaculizando así la más remota probabilidad de escape en una coordinación magistral digna de estudio con el único deseo de que alcance el impulso necesario hasta llegar al umbral de tu boca convertido en una bocanada de aire fresco para cuando el desaliento te arremeta.

[048]

Cargar, descargar, montar, atornillar, armar, acomodar, limpiar, ataviar, estirar, colocar, ordenar, clasificar, disponer milimétricamente, limpiar, apilar, cargar, descargar, ultimar, limpiar limpiar limpiar y, honrando el horario previo de rigor, evaporarse antes de cualquier celebración de festejo.

Norma de la casa.

La única juerga que hogaño me autorizo es la proporcionada por las obras completas afinadas de Yoko Ono en el amparo de mi madriguera; qué leches, no todo va a ser trabajar.

[047]

Me tomo mi tiempo, no crea, pero tras una auditoria con esmerada escrupulosidad a las canastas de la concurrencia asistente en mi autoservicio de cabecera durante la adquisición de los víveres que sustentan a mi persona, esta misma, proclama electa la más desordenada y muy discretamente la adiciona con artículos discordes poco antes de pasar por caja. Llegado el citado momento observo las espontáneas reacciones de los propietarios de las cestas agraciadas y en el cenit de mi descollante éxito me digo ‘¡ea! figura ya te puedes morir tranquila’.

[046]

En la frialdad de la doma de montar en cólera y del desquite de tremendo cabreo sin atisbo de inquietud en la firmeza, canalla de mí, agarro de muy malas maneras al caricato de pegman y lo zarandeo, lo vapuleo, lo arrastro por los confines más apartados que ideo trazar para finalmente desampararlo a su fatalidad en calles mega amenazadoras.

La crueldad jamás conoció tal ponderación, sí, lo sé; pero mitiga mi entristecido desamparo saberlo perdido y, en el preferible de los casos, molturado a palos.

[045]

De manera concienzuda me concentro por mantener la respiración haciéndome el dormido para que nada me toque y autorizo a la cotidianidad a que prosiga sin mí hasta que sale por la puerta y tomo conciencia de las sábanas que me anquilosan contra el colchón, conciencia del aire seco que se cuela en mis pulmones, del sonido afilado en mis oídos, conciencia de que la vida es tan frágil que podría desvanecerse en cualquier momento y abro los ojos a la espera de la explosión que reviente con todo lo que veo y siento, con todo lo que soy.

A regañadientes me convenzo de que las cosas nadie las hará por mí, que tan solo es una noche al año.

Me embuto en mi majestuoso uniforme no sin antes maldecir una y mil veces a las emociones y lo que hay dentro de ellas.

[044]

Si pudiera hacer todo tan sumamente sencillo como el desempolvar unos textos casi olvidados de un tiempo que ya no duele como si, verdaderamente, no hubieran acampado a su libre albedrío en mí llevándose consigo partes irrecuperables convirtiéndome en esta persona que apenas tolero.

Si no tuviera que frenar las persistentes extralimitaciones yo, sinceramente, volvería a hacer todo mucho más sencillo.