besana

Mentiría si evito alegar que en alguna que otra ocasión por motivaciones dispares adecuadamente justificadas no digo yo que de haber protagonizado tal proeza hubiera disfrutado de lo lindo al propinar tremenda azotaina a determinados sujetos de cuyos nombres no quiero acordarme, inclusive, aflojando un contundente bofetón me hubiera o hubiese adecuado; a excepción de la salvedad que hago contigo porque juro por lo más sagrado que a ti, a ti, te haría daño pero daño de verdad.

Y no pienses que cuando me refiero a daño estoy apuntando a un merecido escarmiento físico argumentándome en un brutal apaleamiento de golpes, patadas e improperios hasta despojarte del aliento. No. Ni tan siquiera pretendo aplicarme en proporcionarte el más salvaje sanguinario padecimiento a lo largo de inagotables segundos en los que te permito vislumbrar algo de esperanza para luego después retomar nuevamente una tortura lenta sobre tu cuerpo con los utensilios más atroces que mi sádica imaginación idee.

No, hablo que para ti solo deseo una única condena.

Solo espero y deseo que algún día sientas un dolor tan profundo que ni en el anhelo de tu propia muerte halles descanso prisionero de una tristeza, yerma  y solitaria, privada de todos los puntos de referencia en que solías descansar tu vista. Y ya no habrá nada cercano, ni conocido, y todo lo que es lejano estará infinitamente lejos. Una herida en lo más adentro de tu ser que tu existencia se trocará en algo pesado e insufrible y poco importa cuanto tiempo se agoste o la sucesión en la que acontezca porque jamás tropezarás con el maldito alivio que comporta el consuelo del mismo modo que en el día aquel me sentenciaste a soportar la cosecha de los primeros surcos de rabia confesa en mi propia malignidad de este hastiado cuerpo.

Ya ves, donde quieras que estés te gustará saber que a pesar de haber podido no he querido, ni quiero comprender ni tan siquiera perdonar; donde quieras que estés te gustará saber que no hay un solo instante de mi vida que no me acuerde de susurrar este dichoso empeño porque si no al callar olvido.

manifiéstese a su antojo